viernes, 1 de diciembre de 2006

COMENTARIOS DE MIGUEL SOLANO

La barca del silencio: Entre la verdad y la fantasía

Con su novela La barca del silencio, Menoscal Reynoso entrega al lector una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, pero que tiene como base hechos reales, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

Los libros, como los seres humanos, disponen de dos biografías, dispares entre sí, pero dependientes una de otra. A lo largo de nuestra existencia biológica construimos ambas alternativamente. La primera de ellas es la biográfica pública, la que se escenifica ante los demás, pocos, varios o muchos. La compone el conjunto de nuestras actuaciones observables y observadas. Es la que erróneamente consideramos la única vida real.

La segunda la constituye nuestra biografía intima: La fantaseada, la de nuestros deseos aun o quizás por siempre insatisfechos, la de los sueños, la de nuestros sentimientos ocultos hacia personas que nos rodean: Una vida secreta, secreta porque es inobservable, según Carlos Castillo del Pino.

Como la biografía pública de La barca del silencio, Menoscal Reynoso recrea una aventura de vida, entrelazada con el amor y la muerte. La muerte, subrepticiamente representada por un personaje que satisface sus propios apetitos de sangre, de crímenes bien ordenados y mejor ejecutados, atribuyéndoles sus acciones a las llamadas “fuerzas incontrolables”.


El amor lo bien representa Carmilia, canto, poesía, quien consciente de su poder renuncia a todo y a todos; y se lanza en la búsqueda y el toque del sentimiento que justifica su existencia. La vida la personifica, con todo lo concreto de su latir, Tomás Javier, quien lo vive todo, quien se pierde en un laberinto de túneles sin respuestas y quien espera ser hallado y rescatado por la única fuerza capaz de hacer renacer su existencia: El amor.

Puntos de distinción:
Para entrar en la biografía intima, en esa vida secreta que recurre en La barca del silencio, hemos de acudir al eminente lingüista, destacado catedrático, miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, Dr. Ramón Emilio Reyes, quien en un prologo que escribiera para la novela “Las lágrimas de mi papá”, estableció, entre otros, como puntos de distinción en la narrativa los siguientes aspectos:

1- El suspense hay que lograrlo del modo más natural, ensamblar bien el hecho
anecdótico, personal o ajeno en el hilo de la narración. Aquí un ejemplo:
“Desperté en ese instante aclamando desesperado, y me tiré de la cama buscándote, aterrorizado. Sentado en el borde a medio dormir, dos lágrimas se desplazaron de mis pupilas, y me encontré bañado en sudor; en un sudor de espesas gotas que estilaba por todo el cuerpo. Entonces me paré, di varias vueltas en la habitación y sonreí del pánico”, (Pág. 95, 5to. Párrafo).

2- Hacer que el recuento de las costumbres le den a la obra una sensación de realidad:
“Retornan al auto tomados de las manos para continuar la ruta hacia el hogar de Carmilia. Se encuentran a poca distancia. Aún no es tarde. Habían entrado a la primera tanda del cine. Sin embargo, las calles se ven solitarias. Tomás Javier la deja en el lugar de siempre, en una boca calle desde donde no se divisa con claridad la vivienda donde ella reside”, (Pág. 98, 3er. Párrafo).

3- Las observaciones hay que hacerla con el dinamismo normal que mantengan el interés sobre el hilo central:
“Él se restriega los ojos. Piensa que aún está soñando, que tiene la visión eclipsada. Siente que el cielo lo arropa, que lo aplasta, y se sienta a reflexionar sobre su estado de ánimo”, (Pág. 190, 2do. Párrafo).

4- El dialogo hay que desarrollarlo, envolverlo objetivamente, el relato en sí, de manera subjetiva:
“El licor se le derrama entre las piernas y se ríe, se echa a reír de forma desfachatada de su impotencia, de la impotencia de no poder manejarse a plenitud, de que su mirada se haya desubicado, de que sus ojos tengan tonalidades desquiciadas y de que lo estén también desquiciando a él”. (Pág. 192, 4to. Párrafo).

Al desarrollar lo que llamo “Versos Solano” sobre los personajes dentro de las técnicas, me encuentro con que Menoscal logra ser sus sueños cuando ellos no pueden dormir: ¡Trabaja!. Al llegar el momento cuando el autor trabaja un personaje que no sabe qué es el amor, entonces logra ser el amante del amante que el personaje pretendía tener, pero con una condición: Comparte ese amor.

Menoscal logra sustituir a Tomás Javier, cuando éste “no sabiendo qué es el amor” o no sujetándose a esa fuerza divina, abandona a Carmilia. El autor suple esa necesidad pasando a ser el amante de Carmilia y dotándola de las fuerzas y el poder para que vaya tras las cosas que le dan sustancia a su vida.

El escritor de La barca del silencio vive el dolor de sus personajes, vive la alegría de sus personajes; es sus ojos cuando ellos no pueden ver. A los personajes les gusta hablar, pero hay que darle algo de que hablar: El amor, quizás, pero con un poco de misterio, cosas que el lector pueda agradecerle cuando vea algo en el despertar de su sonrisa:
“Quiero que entiendas que aún estás muy joven, al igual que Tomás Javier. Lo aconsejable es no alterar el rumbo de las cosas. Tengan en cuenta que la vida no se destruye sólo porque se encuentre un poco lastimada –le dice don Papachín a su hija”. (Pág. 206, 2do. Párrafo).

Si el autor no le da una razón para que permanezca, el personaje lo abandona. Lo que el personaje quiere saber es que puede contar con usted; cuando es importante para él.

Menoscal logró darle a Carmilia permanencia para siempre; la hizo eterna. La colocó en el punto donde la grandeza de la mujer no encuentra otra escalera que no sea la ruta del amor: ¡Y es bueno que así sea!

“Aún no sabemos quién es más grande si la vida o la muerte. De lo que si estoy seguro”, como lo logra Menoscal Reynoso en La barca del silencio, “es que ambas, tanto la vida como la muerte, esperan que el amor la rescate”, La Sagrada Familia.

Miguel Solano, economista y escritor, presidente de AQI.

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